Elijo siempre el camino más fácil,
hoy lo hago escribiéndole y no empezando una conversación con usted;
conversación en la que, posiblemente, yo saldría perdiendo porque no sabría
cómo empezarla, y después decirle que me gusta, y después decirle que he tenido
más de tres conversaciones imaginarias con usted que siempre terminan y
empiezan en un “no sé qué decirle”. Por eso a veces es mejor escribir,
porque me escondo detrás de estas letras
que estará leyendo y quizás hasta le parezcan estúpidas, como mi estúpida obsesión
por saber su nombre o por verla un momento pequeño antes de irme a estudiar, o
como mi estúpida cobardía de no decírselo en persona así me den nervios y me
agarre la tembladera en las manos.
Yo soy David, sobra decirle que soy
su vecino quizás porque ya me ha visto esquivándole la mirada cuando usted
voltea a mirarme porque se siente observada y después me hago el que no la
estaba viendo. Soy el que se tomó el trabajo de escribirle esto para que sepa
que hay algo en usted que me llama la atención, que hay algo en usted que sin
hablarme me dice todo lo que quiero escuchar. Siempre quise hablarle, desde el
momento que se trasteó y vi que tenía un gato, muchos libros y esa pose que
solo puede tener alguien digno de una inteligencia un poco más favorecida. Ese
misterio me impulsó a hacer esto, una carta inocente que ya ni sé si la va a
leer porque no sé si entregársela porque no sé por qué la hice porque usted
tiene quién la tome de la mano y la lleve a un cine o a cualquier lugar a dar y
recibir besos en las tardes. Sí me amarga un poco saber eso, pero el aliciente
es que estoy seguro que no es tan feliz como yo la podría hacer si me diera una
oportunidad de escucharla y escucharme, de hablar, de conocernos, porque haría
mi mejor intento.
Esa era mi única intención, que me
leyera y supiera que hay alguien que quiere escucharla y saber qué piensa; que
si se quiere alejar de todo hay alguien que la está esperando para hablar; que
cada vez que me mire no me vea como si estuviéramos lejos, que me vea como
alguien que aunque no sea capaz de decirle que usted le gusta, siempre estará
esperando a que el destino de cualquier forma la pueda juntar con él.