viernes, 20 de julio de 2012

No hay mal que dure cien años, pero sí 202.

Hace un par de años en Colombia estábamos celebrando un bicentenario de vida republicana, con todo lo que ha significado esto, todas las lágrimas y la sangre derramada, y todas las guerras que pasaron y pasarán, indicando así el temperamento bélico del colombiano. Esto nos lleva a hablar implícitamente de una historia abarcada desde el mal llamado Descubrimiento de América hasta nuestros días; historia marcada por dolor y sangre de un pueblo que, en un principio, fue sojuzgado con fines de su conquista y luego sometido durante un poco más de tres siglos¹. Así, tal derramamiento de sangre y tal cantidad de abyecciones a las que fue sometido ese pueblo, fueron incubando ese odio típico que se traduce en violencia y del que, hasta el sol de hoy no nos hemos podido librar. Ese misterioso gen de violencia es un producto de lo que ellos nos trajeron y pese a eso nos hablan de que nuestra forma de ser e idiosincrasia son agresivas sin reconocer que Europa estuvo inmensa en una guerra continua durante siglos, y para confirmarlo podríamos remitirnos a un sinfín de hechos históricos que lo confirman, pasando por las guerras entre ingleses y franceses, franceses e ingleses, españoles y franceses, etc. Y si a eso vamos, sin distinción alguna,  la conformación de cada uno de aquellos pueblos fue supremamente violenta.

Además de un temperamento violento, hemos heredado una serie de costumbres dañinas que siguen latentes y son evidentes en nuestros días. Nos debemos remitir al momento de llegada de los europeos a América para recordar que teníamos ciudades mucho más organizadas que ellos y como ejemplo tomamos a Tenochtitlan, la cual era una ciudad aún más organizada y limpia que Paris, Roma o Londres debido a que quien contaminaba el ambiente era severamente castigado. Hoy en día México es la ciudad más contaminada del mundo, y en ese sentido no hay forma de contradecir la conjetura de que Europa subdesarrolló a América y España subdesarrolló a Hispanoamérica. Tenemos que, antes del Descubrimiento, la comunicación se hacía directamente sin necesidad de intermediarios ni papeles escritos y como fue el caso de los Incas que, aún sin saber escribir, llevaban sus registros de cuentas en Quipus², lo cual facilitaba el orden a la hora de llevar cuentas y que no hubiera corrupción de ninguna forma, corrupción que, por cierto, llegó acompañada de los europeos. Carlos Fuentes nos cuenta cómo en 1580, un poco menos de cien años del Descubrimiento, en Madrid ya habían 150.000 mendigos quienes necesitaban de una licencia para poder pedir limosna, y esta misma se ganaba "untando la mano" o sobornando a los funcionarios que las otorgaban. No conformes con esos vicios administrativos que les heredamos, el retoricismo no vino solo. Con la conformación de la Real Academia la gente se expresaba con modelos lingüísticos latinos usando formas como la hipérbaton, entre otras formas que tiene el latín. Dicha práctica la vemos reflejada en muchas de nuestras actividades; cuando damos o recibimos un discurso involuntariamente lo intentamos verbalizar dando vueltas sin ser concisos y en algunos casos al punto de llegar a confundir, situación que no pasa con el idioma anglosajón. Esa retorización y ese verbalismo nos han llevado hasta el punto de depender de ellos para la solución de muchos problemas sociales, como es el caso de la abogacía y otras prácticas que obliguen a la memorización más que al aprendizaje de los conceptos.

Esos vicios que nombré no estaban aquí antes, pero no sabemos si además de heredar esos genes, costumbres, vicios y prácticas, particularmente en Colombia heredamos la sumisión como forma de vida, y ese es el  problema más grave que tenemos que solucionar de raíz para llegar a esa ambicionada riqueza que se ve inalcanzable pero aún así está la tenemos tan cerca, riqueza que simboliza la armonía entre el hombre, su recurso natural y su recurso institucional. Desmentimos el mito de que no hay mal que dure cien años, llevamos 202 resistiendo el mal en su conjunto, representado en guerras, odios reprimidos y violencia, pero seguimos en busca eterna de nuestra identidad, con consciencia y, lo más primordial, con amor a nuestra Patria. Lo más sensato es hacer una pausa y tomar conciencia de que si somos hermanos no tenemos por qué matarnos a nosotros mismos. 

¹. Período comprendido entre 1492 y 1810.
². Sistema de conteo inca compuesto por ramales de cuerdas con diversos nudos y varios colores.
³. Inversión del orden natural de las palabras en una frase u oración.