jueves, 13 de diciembre de 2012

Carta No. 1


Elijo siempre el camino más fácil, hoy lo hago escribiéndole y no empezando una conversación con usted; conversación en la que, posiblemente, yo saldría perdiendo porque no sabría cómo empezarla, y después decirle que me gusta, y después decirle que he tenido más de tres conversaciones imaginarias con usted que siempre terminan y empiezan en un “no sé qué decirle”. Por eso a veces es mejor escribir, porque  me escondo detrás de estas letras que estará leyendo y quizás hasta le parezcan estúpidas, como mi estúpida obsesión por saber su nombre o por verla un momento pequeño antes de irme a estudiar, o como mi estúpida cobardía de no decírselo en persona así me den nervios y me agarre la tembladera en las manos.

Yo soy David, sobra decirle que soy su vecino quizás porque ya me ha visto esquivándole la mirada cuando usted voltea a mirarme porque se siente observada y después me hago el que no la estaba viendo. Soy el que se tomó el trabajo de escribirle esto para que sepa que hay algo en usted que me llama la atención, que hay algo en usted que sin hablarme me dice todo lo que quiero escuchar. Siempre quise hablarle, desde el momento que se trasteó y vi que tenía un gato, muchos libros y esa pose que solo puede tener alguien digno de una inteligencia un poco más favorecida. Ese misterio me impulsó a hacer esto, una carta inocente que ya ni sé si la va a leer porque no sé si entregársela porque no sé por qué la hice porque usted tiene quién la tome de la mano y la lleve a un cine o a cualquier lugar a dar y recibir besos en las tardes. Sí me amarga un poco saber eso, pero el aliciente es que estoy seguro que no es tan feliz como yo la podría hacer si me diera una oportunidad de escucharla y escucharme, de hablar, de conocernos, porque haría mi mejor intento.

Esa era mi única intención, que me leyera y supiera que hay alguien que quiere escucharla y saber qué piensa; que si se quiere alejar de todo hay alguien que la está esperando para hablar; que cada vez que me mire no me vea como si estuviéramos lejos, que me vea como alguien que aunque no sea capaz de decirle que usted le gusta, siempre estará esperando a que el destino de cualquier forma la pueda juntar con él.  


viernes, 20 de julio de 2012

No hay mal que dure cien años, pero sí 202.

Hace un par de años en Colombia estábamos celebrando un bicentenario de vida republicana, con todo lo que ha significado esto, todas las lágrimas y la sangre derramada, y todas las guerras que pasaron y pasarán, indicando así el temperamento bélico del colombiano. Esto nos lleva a hablar implícitamente de una historia abarcada desde el mal llamado Descubrimiento de América hasta nuestros días; historia marcada por dolor y sangre de un pueblo que, en un principio, fue sojuzgado con fines de su conquista y luego sometido durante un poco más de tres siglos¹. Así, tal derramamiento de sangre y tal cantidad de abyecciones a las que fue sometido ese pueblo, fueron incubando ese odio típico que se traduce en violencia y del que, hasta el sol de hoy no nos hemos podido librar. Ese misterioso gen de violencia es un producto de lo que ellos nos trajeron y pese a eso nos hablan de que nuestra forma de ser e idiosincrasia son agresivas sin reconocer que Europa estuvo inmensa en una guerra continua durante siglos, y para confirmarlo podríamos remitirnos a un sinfín de hechos históricos que lo confirman, pasando por las guerras entre ingleses y franceses, franceses e ingleses, españoles y franceses, etc. Y si a eso vamos, sin distinción alguna,  la conformación de cada uno de aquellos pueblos fue supremamente violenta.

Además de un temperamento violento, hemos heredado una serie de costumbres dañinas que siguen latentes y son evidentes en nuestros días. Nos debemos remitir al momento de llegada de los europeos a América para recordar que teníamos ciudades mucho más organizadas que ellos y como ejemplo tomamos a Tenochtitlan, la cual era una ciudad aún más organizada y limpia que Paris, Roma o Londres debido a que quien contaminaba el ambiente era severamente castigado. Hoy en día México es la ciudad más contaminada del mundo, y en ese sentido no hay forma de contradecir la conjetura de que Europa subdesarrolló a América y España subdesarrolló a Hispanoamérica. Tenemos que, antes del Descubrimiento, la comunicación se hacía directamente sin necesidad de intermediarios ni papeles escritos y como fue el caso de los Incas que, aún sin saber escribir, llevaban sus registros de cuentas en Quipus², lo cual facilitaba el orden a la hora de llevar cuentas y que no hubiera corrupción de ninguna forma, corrupción que, por cierto, llegó acompañada de los europeos. Carlos Fuentes nos cuenta cómo en 1580, un poco menos de cien años del Descubrimiento, en Madrid ya habían 150.000 mendigos quienes necesitaban de una licencia para poder pedir limosna, y esta misma se ganaba "untando la mano" o sobornando a los funcionarios que las otorgaban. No conformes con esos vicios administrativos que les heredamos, el retoricismo no vino solo. Con la conformación de la Real Academia la gente se expresaba con modelos lingüísticos latinos usando formas como la hipérbaton, entre otras formas que tiene el latín. Dicha práctica la vemos reflejada en muchas de nuestras actividades; cuando damos o recibimos un discurso involuntariamente lo intentamos verbalizar dando vueltas sin ser concisos y en algunos casos al punto de llegar a confundir, situación que no pasa con el idioma anglosajón. Esa retorización y ese verbalismo nos han llevado hasta el punto de depender de ellos para la solución de muchos problemas sociales, como es el caso de la abogacía y otras prácticas que obliguen a la memorización más que al aprendizaje de los conceptos.

Esos vicios que nombré no estaban aquí antes, pero no sabemos si además de heredar esos genes, costumbres, vicios y prácticas, particularmente en Colombia heredamos la sumisión como forma de vida, y ese es el  problema más grave que tenemos que solucionar de raíz para llegar a esa ambicionada riqueza que se ve inalcanzable pero aún así está la tenemos tan cerca, riqueza que simboliza la armonía entre el hombre, su recurso natural y su recurso institucional. Desmentimos el mito de que no hay mal que dure cien años, llevamos 202 resistiendo el mal en su conjunto, representado en guerras, odios reprimidos y violencia, pero seguimos en busca eterna de nuestra identidad, con consciencia y, lo más primordial, con amor a nuestra Patria. Lo más sensato es hacer una pausa y tomar conciencia de que si somos hermanos no tenemos por qué matarnos a nosotros mismos. 

¹. Período comprendido entre 1492 y 1810.
². Sistema de conteo inca compuesto por ramales de cuerdas con diversos nudos y varios colores.
³. Inversión del orden natural de las palabras en una frase u oración. 

viernes, 17 de febrero de 2012

Realidades


No saben igual los versos desde que tus viernes esconden en sus piernas; una mentira que vende, y me duele saber que me cerraron el foro, que me subieron la renta, que el cielo no baja.

No saben igual los versos desde que me hiciste un embargo, de ti.

Genaro Patraka.

Sediento.

lunes, 6 de febrero de 2012

Carta de Sha Jajan a Arjumand Banú (Muntaj Mahal))

En estos días leí una carta bastante romántica, vale la pena que la lean y por eso la quise compartir con ustedes.

Se trata de la carta de amor que le hizo el Sha Jajan a Arjumand Banú tras su fallecimiento. 




MI QUERIDA ARJUMAND BANU:


Haré bóvedas para  que los ecos de tu risa  sigan rebotando de pared en pared. Haré más bóvedas para que mis ojos sigan viendo tus nalgas. Haré columnas  firmes y enormes como tus muslos  y las piernas que ponías alrededor de mi cintura.

¿Qué más podré hacer para decirte, mi querida Arjumand Banu, que nada llenará el vacío que me has dejado?
Mi favorita de siempre, ¿Qué puedo yo ofrecerle al tiempo para que vuelva a darme la oportunidad  de decirte una vez más cuanto te quiero?

De una manera u otra deberé atrapar la luna. Tengo que eliminarla del cielo para poder decirle que he conocido a alguien más bella que ella. No me importa saber que perderé sus baños de luz. Menos aún saber que no tendré más al único testigo de nuestras noches, tus canciones, mi consuelo ante la riqueza y su soledad.

Tú, Arjumand Banu, seguirás siendo mía ya que te llevo dentro de mí. Debo seguir contándote cuanto te extraño y debo hacerlo de una manera eterna. Con delicadeza, como tus besos. Con precisión, como tus abrazos. Con la simetría de nuestros cuerpos, tan balanceados y unidos como el cielo sobre el mar, como el rocío sobre las hojas.

Me has dado tu cuerpo, muchas veces, demasiadas, para que el mío se reprodujera. Me has dejado saberte de memoria: Tu voz, tus ojos, la fuerza de tu útero y tus catorce victorias, tus gritos de madre fuerte, leona hasta el final.

Y ahora te tengo aquí, callada para siempre, a oscuras dentro de mi oscuridad y recordándome lo que siempre somos: pasajeros breves, en un túnel de una sola salida, necesitados de perdurar en la memoria de alguien y de comprar la inmortalidad que nadie posee.

Mi Arjumand Banu, mi compañera de siempre, ¿Escuchas los gritos de mi silencio?... ¿Cómo le diré al amanecer que ya no nos deberá esperar. ¿Cómo podré atar la noche al horizonte para que no comience un nuevo día? ¿Entiendes que me has abandonado?

Sólo me has dejado tu olor de mujer, repleto de jazmines, intenso, vestido de sándalo. ¿Sabes que te pareces al mármol, el que tantas veces refrescó mi cuerpo, dentro del tuyo; el tuyo lleno del mío?

Me encargaré de guardar el reflejo de tus ojos en bloques de malaquita, trozos de madreperla, lágrimas de lapislázuli, jade, coral, turquesa y amatistas. Robaré todos los colores de la naturaleza. Haré de tu imagen algo similar. Lo haré.

Cuanto haga por ti, deberá ser como el paraíso (Y que el Misericordioso, me absuelva) donde abundan ríos fértiles, flores, miel y vino. Pediré que comiencen a guardar rayos de luna, para que los transformen en el mejor mármol. También, cuanto se haga, deberá representar la frescura del rocío, tu piel; la delicadeza de una nube, tus pasos. Calígrafos y escultores escribirán los noventa y nueve nombres del Supremo, del Clemente.  Así lo haré. ¡Inshalah...!

Ordenar, pedir, demandar es fácil. Pero nada dentro de todo mi imperio me permitió retenerte para siempre, tenerte un día más, aunque sea una hora. Por primera vez has parido soledad, porque ya eres silencio, noche sin estrellas, lágrimas del cielo.

Nunca pensé que tu partida me doliera tanto. Jamás pude soñar lo que estoy sintiendo. Cierro los ojos ya que la luz me molesta. Me tapo los oídos porque el viento sigue trayéndome tu canto. Me tapó la boca porque no quiero que nadie me escuche llorar. La soledad me está mordiendo la garganta. Hasta los dientes me duelen.

Mi Arjumand Banu, mi mujer de siempre, luego de diez y nueve años repletos de tu compañía, ¿cómo llenar mis días y mis noches? Creo que sólo me queda llenarlos pensando que me esperas en algún lado. O simplemente así: Los llenaré dándole al mundo una muestra de lo que tú me has dado. ¿Qué otra cosa podría hacer?               


viernes, 3 de febrero de 2012

La triste poesía del perro triste

Camina triste, triste, camina el perro triste,
deambula la calle con su mirada triste y sus patas tristes,
mira y sospecha, camina, deambula triste,

sonríe sin sonrisa, ladra por ladrar.


Su reflejo entristece a la tristeza,
su llanto conmueve al llanto. 


¿Quién te ha abandonado perro triste?
Tu angustia citadina me entristece,
mi odio es tu tristeza.


Perro, Triste.
















La muchacha de Badam